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Golfo y Tico dos perritos


Las ocho cosas vitalmente más importantes que te enseña tu mascota



Hay algo que sabe toda la gente que vive con una mascota y que es difícil de entender para los que no tienen una: tener un animal de compañía te cambia la vida. No sólo tienes a un ser vivo a tu cargo, que depende por completo de ti, además va a condicionar tus horarios, tus viajes, tus amistades, tus rutinas de limpieza, tu descanso… Tener perro o gato es una enorme responsabilidad, difícil de asumir con el ritmo que impone la vida moderna –y más en una ciudad–, pero conlleva también unos importantes beneficios.
Se ha estudiado con profundidad cómo convivir con un animal de compañía puede ayudar a superar una depresión, reducir la presión arterial y mejorar nuestro sistema inmune. Pero hay determinadas cosas que se aprenden al vivir con una mascota que, aunque son más difíciles de comprobar en un estudio científico, conocen todos los padres adoptivos de perros y gatos.


1. Cómo seguir una rutina


Tener una mascota te obliga siempre a seguir una férrea rutina. Los perros son especialmente exigentes en este aspecto. Todos los días tienes que tener tiempo para alimentarles, jugar con ellos y darles un paseo. Además tienes que lavarles con cierta frecuencia, estar atento a su calendario de vacunas (y su menstruación), y cortarles el pelo todos los veranos. ¿Y qué tiene esto de bueno? Pasado un tiempo hasta la persona más desastrosa alcanza un sentido de la responsabilidad imposible de alcanzar con otros métodos. Y es algo especialmente beneficioso para los niños (si les obligamos a estar atentos a las necesidades del perro y no hacemos nosotros lo que se comprometieron a hacer ellos).


2. Cómo hacer un presupuesto


Tener una mascota no es muy caro, pero cuesta un dinero: tienes que comprar comida, correas, todo tipo de accesorios, tierra (en el caso de los gatos), pagar al veterinario… Además siempre tienes que tener algo de dinero a mano por si ocurre alguna emergencia. Imagina que tu perro se cae por una ventana, se abre la cabeza y tienes que llevarle a las urgencias veterinarias. Una cosa es segura, no va a salirte barato. Para las mascotas tu cartera es su seguridad social.


3. Cómo establecer un vínculo con los animales

De nuevo, esto es algo muy difícil de entender para alguien que nunca ha convivido con un animal, pero entre una mascota y su dueño se crea un vínculo afectivo de enorme intensidad. De repente, aunque te guste ir a los toros y comer carne, se empieza a desarrollar en ti otro tipo de conciencia hacia los animales. Esto no quiere decir que te vayas a hacer vegetariano, pero nunca más dirás algo como que los animales no tienen sentimientos, y empezarás a preocuparte por cuestiones de bienestar animal que antes te traían sin cuidado.


4. Cómo hacer amigos


Con la gente que pasea su mascota por el parque ocurre lo mismo que con las personas que fuman en la puerta del trabajo: se crea una amistad que de otra forma nunca aparecería. La diferencia es que nadie se ha muerto por pasear al perro. Teniendo en cuenta el desarraigo vecinal que se vive en nuestras ciudades, los dueños de mascotas son los únicos que saben lo que se cuece en el barrio. De hecho, son la máxima autoridad de éstos: saben qué casas están en alquiler, qué farola ha dejado de lucir y a qué tienda tienes que acudir para encontrar el mejor género. Si eres joven pero tienes perro pronto empezarás a tener conversaciones de “maruja”. Pero no está tan mal como parece: tener perro es la llave para conocer a las fuerzas vivas del barrio (nunca se sabe cuando tendrás que recurrir a ellas) y, además, es un buen reclamo para ligar.


5. Cómo ser paciente


Seamos claros: una mascota puede sacar de quicio a cualquiera. Cuando crees que has enseñado a tu perro a no hacer sus necesidades en el pasillo, o al menos a no hacerlo en tu cama –sí, es muy habitual que los cachorros orinen en la cama de sus dueños–, te encuentras con que ha tenido a bien defecar en el sofá. Y da igual lo que le regañes: sencillamente, no va a entenderte. Educar a una mascota es un proceso largo, exigente y tedioso pero, a cambio, te enseñará lo que es de verdad la paciencia.


6. Cómo ser amable


Durante mucho tiempo, los humanos educaron a los perros con refuerzos negativos: si hacían algo que no debían les propinaban una patada. Pero esta forma de “educar” no tiene ningún sentido cuando has elegido voluntariamente vivir con una mascota y la quieres para que te haga compañía, no para esperar en un cercado hasta que vayas a cazar. Hoy no queremos que los animales tengan miedo de nosotros, queremos que nos quieran. Para ello hay que educar a los animales con refuerzos positivos: premiándoles cuando hagan lo correcto. Para ello tienes que ser amable y comprensible con tu perro, hasta que se establezca una relación de confianza. La agresividad sólo hará que tu mascota sea agresiva, y eso no le gusta a nadie.


7.  Cómo jugar


La mayoría de adultos dejamos de jugar cuando crecemos. Podemos echar una partida en la videoconsola, competir en un partido de fútbol o salir a correr. Pero eso no es jugar, al menos no es el tipo de juego del que disfrutan los niños y los perros. Cuando se tiene una mascota –o se es padre– tenemos que volver a aprender a jugar, a divertirnos con un palo o una pelota. Y es menos estúpido de lo que parece. Jugar con tu mascota es una actividad relajante, que enriquece su vida, pero también la tuya.


8. Cómo superar la muerte de un ser querido


Por muy bien que trates a tu mascota, por mucho que la cuides y la saques a pasear, con casi total probabilidad va a morir antes que tú. La vida media de los perros oscila entre los 8 y los 20 años de vida, y la de los gatos entre los 16 y los 21. Que sepamos nunca un perro ha vivido más de 29 años, la edad que alcanzó Bluey, un perro pastor australiano que vivió entre 1910 y 1939. Ver morir a tu perro no es sencillo, y ninguna mascota puede remplazar a otra, pero nos enseña a superar el dolor y ver la vida con una perspectiva distinta. Puede sonar duro, pero quien ha vivido la muerte de su mascota vive de distinta manera el fallecimiento de una persona cercana y querida. Tener un perro nos enseña muchas cosas de la vida, pero también de la muerte.

 

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